viernes, 3 de enero de 2014



Alex tenía muchas ganas de asistir a aquella cena familiar en la que conocería a su tío político. Jane, su tía, no había tenido mucha suerte con los hombres, pero un golpe de suerte la sorprendió a mediados de noviembre, cuando conoció a Martin.
-¿Cómo es? – pregunto curiosa Alex a su hermano, quien había tenido la oportunidad de conocer a Martin cuando estuvo en Canadá.
-Ew, no sé- respondió sin interés.
-Vamos! Tiene que tener algo que recuerdes ¿Es lindo? ¿Gordo? ¿Habla mucho?
-Es un hombre normal, Alex. AHORA DEJA DE FASTIDIARME –pronuncio en una voz mucho más alta cuando se percató de que su madre estaba en la cocina.
-¡Alex! Vístete y deja a Mauro en paz. Tus abuelos están esperando por nosotros y aun no te has bañado- su mama parecía estar más molesta por el retraso que emocionada por conocer al nuevo integrante de la familia.
-Mama no le hice nada! Solo quería saber cómo era el tío… estos viejos si fastidian ¿eh? Estamos prácticamente en el restaurant ya, nos queda al lado, no sé si lo recuerdes -Alex también sonaba irritada.
-Ya sabes como son, cámbiate, ahora.
Alex dejo de mordisquear el pedazo de galleta y sin ánimo se dispuso a arreglarse. Cuando paso al lado de su hermano, escucho.
-Es simpático, tiene lindos ojos.
Alex rio – ¿Tiene lindos ojos?
-Sí. Yo quisiera tenerlos así pues.
-Claro, claro… - ella sabía que su hermano se lamentaba mucho no tener los ojos más claros, pero aceptar que era simpático significaba que Martin era guapo, no solo simpático.
-Son grises. Creo.
Se parece a Damon de Vampire Diaries?!
-Solo es simpático.
Alex se había emocionado, tenía un tío como Ian Somehalder y estaba a punto de conocerlo.
-Hagamos algo, entras tú y saludas, yo te sigo- le dijo a su madre.
Alex estaba nerviosa y no porque conocería a su tío, ella realmente era tímida, incluso con su familia.
Un sonido electrónico sonó detrás de ella, en el bolsillo de su padre.
-¿Quién es?- pregunto Mauro
-Papa, ya me ha mensajeado 3 veces, están sirviendo la comida y los familiares de Martin tienen hambre ¡Apúrense!
-Los familiares? También trajo a su familia?!- casi grito Alex.
-Alex, compórtate un poco al menos. Deja de gritar.
-Shhhhhhhh- soltó con fuerza su mama, mientras de adentraba al restaurant.
El restaurant, era una tasca. Fría y repleta de madera. La tasca de al lado de su casa, para variar. Y realmente era para variar puesto que aunque quedaba literalmente al lado de donde vivía la disfuncional familia, no solían ir allí.
Alex saludo a sus abuelos y tíos, y luego camino hasta donde estaban todos los familiares desconocidos.
-Es un placer- dijo sonriendo a una de las hermanas de Martin.
-Igualmente, tu eres la nieta no?
-la mayor si, Alex.
-Maya.
-Encantada ¡lindo nombre!
Alex seguía sonriendo, entonces, luego de haber besado a casi medio restaurant rápidamente y cada vez con menos chachara. Se acercó a un cuerpo robusto, alto y joven, lo intuía por la forma. No alcanzo a detallar su rostro solo se paró enfrente de el dispuesta a saludarlo, al igual como había hecho con las demás personas.
Poniéndose de puntillas y estampándole un beso en la mejilla al hombre, lo saludo.
-Hola.
Al volver al suelo se percató del apuesto joven que había besado, tez dorada, facciones fuertes, nariz perfilada, rubio y de ojos grises.
¡Ojos grises! Es el. Él es mi tío! Es Martin! Vaya mierda, mi tía si sabe ligarse a los hombres.
Y todo esto había pasado en menos de tres segundos, Alex noto la incomodidad del muchacho que aún seguía mirándola confundido.
-Ya va, yo… no-dijo con suavidad y haciendo gestos lentos con sus manos.
Alex no comprendía, quiso decir algo pero no salió palabra alguna de su boca y él tampoco había hablado así que no se detuvo, esto era normal en ella, evitar situaciones incomodas y al parecer el estaba incomodo, lo que no comprendía era por qué, pero como si no pensara en ello, continuo su recorrido y así sin más, saludo al hombre de al lado.
-Encantado, Martin- dijo el hombre de mediana estatura, mostrando una gentil sonrisa y abriendo sus parpados cada vez más mostrando casi con arrogancia sus ojos grises, estaba emocionado, justo como pasa cuando conoces a la familia de tu futura esposa.
Martin. Eres. Martin
Por un momento Alex pareció alegrarse, si este era Martin, aquel chico rubio no era su tío y eso la aliviaba. No sabía nuevamente porque. Puesto que comprendía que si el chico no era Martin, entonces era su familia. Quizás su sobrino o hermano menor y claramente ella no podía salir con la familia politica, ni siquiera podía salir con cualquier hombre de cualquier otra familia hasta que cumpliera 27 según su abuelo.
-¡Martin!- la chica por fin había hablado- Hola, yo soy Alex!
El hombre estaba riendo para cuando la chica logro hablar.
-Creía que te habías asustado o algo, encantado.
-No, no, no. Solo que…- di algo- pues, por fin te conozco! Tío!.
Martin rio y la abrazo. Finalmente Alex se había librado de la larga ronda de saludos. Ya sentada en la mesa, al lado de su otra tía política –ya conocida- y su hermano, pudo distinguir y detallar a cada uno de los familiares de Martin, a quienes hace unos segundos había saludado.
¿Y donde se metió?  Pensó. Mientras buscaba con su mirada al joven rubio.
-¡Alex!- grito su abuelo desde el otro lado de la mesa.
-Dime, abuelo- obedeció con timidez.
-Conociste al sobrino de Martin?
La gente en la mesa parecía sonreír. Y ella también.
-Si, si. Creo- Bufo casi tartamudeando.
-No, de hecho no- dijo el  sonriente joven sentado al lado de su abuelo, un chico que no reconocía y que no recordaba haber saludado.
-¿Tu eres el sobrino?- soltó Alex confundida.
-Sí, el mayor y único, por ahora.
El chico era menor que ella por un ano como mucho, le calculo,  aunque aparentaba menos edad por su forma de vestir y más por su forma de hablar, su tez era clara y su pelo negro y grasoso.  
-No te vi- dijo Alex con impaciencia.
-No estaba allí parado. Encantado.
El chico dijo su nombre y Alex sonrió, no había escuchado ni la mitad de lo que el chico le decía a ella y a su abuelo, quien parecía muy entusiasmado con la idea de debatir con un joven de 15 años (claro siempre y cuando el saliera ganando) , al parecer hablaban de langostinos y mariscos, pero a ella no parecía interesarle. Lo único que hacía era mirar hacia los lados buscando al chico apuesto que había besado.
Entonces lo vio,  vio como camino con rapidez desde la entrada del restaurant hasta el área de bar, ella estaba sonriendo y posando su mirada en el mantel, en su bebida, en las gafas del sobrino de Martin que dejaba de hablar y mover sus manos. Posaba sus ojos en cualquier otra cosa que evitara posar sus ojos en él, lo cual se le dificultaba cada vez más, y no porque realmente tuviera ganas de verlo sino porque la sombra del chico se movía con rapidez de un lado al otro en la habitación.


Me esta mirando, que le sucede? Esta chica esta loca... Que le sorprende? 

Son unos tarados, aquí hay gato encerrado. ¿Por qué no deja de moverse de uno al otro lado? Parece preocupado como si estuviera ocupándose de algo...

Una idea nacio en ella : Lo más seguro es que la familia de Martin le tenga algo preparado a Jane. Y es el, el que trama y realiza todo. Es..es..

-Es oliva, ¿Quieres? – Interrumpió la voz de su hermano, mientras interponía la botella entre el rubio y sus ojos.
-¿Ah? Sí. Un poco- no termino de decir antes de que su hermano le hubiera lanzado la botella.
El joven se acercó a la mesa y tomo un pimentero, le hizo un gesto a Martin y empezó a condimentar el plato de paella que estaba en la mesa.
¿Y también sabe echar pimienta?  Que colaborador es! Casi sonaba enamorada.
Un grito interrumpió las alabanzas mentales de Alex al chico, entonces, enseguida él se movilizo a la parte trasera del restaurant con un gesto molesto.

Papa siempre hace esto, que impotencia no poder salir corriendo. Debe de estar pensando que soy demente, pero vaya manera de tratar a los locos! En que estoy pensando. Tengo que salir de aqui, pero mirala. La loca quizas es ella. Parece no estar consciente de lo que hace. 

Otro grito sono en la cocina.

-Que pasa?
-El traje, hijo. Que siempre tienes que andar desalinado? No estas en tu casa.
-Ya, ya. Esta bien- finalmente dijo el joven mientas se arreglaba.

En la mesa, todos comian, Alex no comprendía que sucedia con el chico, pero se dispuso a comer su paella en cuanto noto que el chico se marchó.
Si es posible me la terminare antes de que regrese, quizás así pueda hablar con él, además no me puede ver comiendo, ¡DIOS! esto es casi una primera cita.
Alex estaba consciente de que estaba muy lejos de ser una primera cita, pero se auto convenció y empezó a comer de su plato con rapidez y sin levantar la mirada de él.
-Vaya que tienes hambre- musito su tía.
-Es solo que no desayune- dijo la primera excusa que se le había ocurrido.
Oh mierda que dije. Demasiado tarde.
-No has desayunado!- su tía casi grito- Por eso es que estas tan flaca.
Esto era lo que se temía. El espectáculo, el de siempre, el de los tíos, tías, abuelos, abuelas, tataratios y hasta primos, el espectáculo que siempre hacían sobre la alimentación de ella, su salud, su carrera, sus estudios, sus amigos. Realmente era difícil ser la primera nieta.
-No, no, no, o sea. Si comí, pero poco.
-¿Por qué? No me digas que estas a dieta, no quiero que sigas esas..
-No tía! No estoy a dieta es que- buscaba una excusa para terminar con el pesado sermón de siempre, la chica miro el blanco mantel y el cubierto en su mano, mientras revolvía sus pensamientos en busca de un argumento fiable- es que me gusta tanto la paella de acá, que quise ayunar para poder comer más.
El chico estaba escuchándola con detenimiento y con una sonrisa confidente en su rostro, quizás no lo hacía intencionalmente puesto  que estaba parado a escasos centímetros de ella, por no decir justo detrás de ella, tenía una jarra de agua en su mano esperando a que la joven volteara y se percatara de que el mozo intentaba servirle agua, si ella lo deseaba claro.
-¿Quieres?- dijo inclinándose hacia ella con la jarra en su mano. Su gesto parecía severo, casi como si quisiera salir de esto de una buena vez.
Era el. Alex no podía creerlo, el rubio, el sobrino, el chico de su cita, el  colaborador era el mesonero. Obviamente era el mesonero.
Los ojos de Alex casi salieron de orbita, cuando miro nuevamente el hermoso rostro de él joven ahora vestido con pajarita, frente a ella.
Huyo de su mirada y volteo su rostro.
¡¿Qué hiciste?! – Se arremetió con dureza para sí misma, mientras cerraba con fuerza sus ojos
Habla, no lo dejes con la palabra en la boca. Habla ¡dile algo tarada!
-Nei…ah.. yo.
¿Qué haces acá?- Se quejó el joven consigo mismo y rodo sus ojos.
-¿Gustas un poco?- forzó nuevamente su sonrisa, aunque nadie pudo percatarse de eso. Era carismático sin quererlo, quizás era muy guapo y eso era lo que ocultaba su no-simpatia.
Sin apartar los ojos de su plato Alex se obligó a hablar.
-No, muchas gracias.
Y entonces el joven se retiró con rapidez, sirvió un poco de agua a los demás comensales y para cuando Alex logro levantar la mirada, lo vio marchándose y quitándose la pajarita con rudeza.
Que gran cagada. Pensaron en ese instante los dos.


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