jueves, 2 de enero de 2014





-No puedo creer que finalmente estés aquí – grito por encima de la música
-Ya, Diego. Ni yo lo creo, pero estoy! Ahora disfrutemos lo que               queda de la noche.
-Lo que quedas, dices? Nos queda toda una noche por delante, isa.
Conocía ese gesto, conocía su cara, su sonrisa pícara. Esa era el gesto de mayor felicidad que le conocía y que tanto me gustaba.
-Eres hermosa- soltó, y lo hizo porque yo también reía, reíamos como dos idiotas que le habían dado un pasaje al paraíso, dos inmaduros que estaban a punto de vivir la mejor vida de sus noches, o noche de su vida, ya el orden no importaba.
-Ya estas ebrio? –  dije para molestarlo y sabiendo claramente la respuesta.
-Necesito muchas más de estas para estarlo – dijo señalando la botella en su mano.
Tomaba lentamente de la misma mientras no apartaba los ojos de mí, con esa mirada de felicidad que no lograba ocultar, entonces, su gesto se tornó serio y luego como si recién se estuviera enterando de lo que estaba pasando, retiro la botella de su boca y se preparó para decirlo.
-Esta es la cosa, no quiero que tomes de cualquier vaso, botella, o trago que no te dé yo. Y nada de ebriedad, no al menos para ti…- quiso sonar menos regañón a último momento, lo adivine pero no lo logro.
-¿Qué pasa? Crees que hay otros como tú, sueltos aquí- sinceridad de amiga, pensé.
Su ceno se frunció, no tarde en notarlo, y el no tardo en notar que lo hacia
-No tengo dudas de que así sea.
Diego aparto sus ojos de mí y apretó mi mano, mientras apartaba con sus hombros a la masa de gente que no dejaba de beber y bailar.
-¡Conocerás al grupo!
-De acuerdo! – grite, disimulando con una sonrisa los nervios que se produjeron repentinamente en mí
Salude al conjunto de personas, algunas caras familiares pero aun así irreconocibles, varias de sus amigas besaron mis mejillas, mientras que los chicos asentían hacia mí con amabilidad.
-No parecen drogadictos- dije cuando estábamos solos en la barra.
-No los juzgues así… -diego dijo algo ofendido
-No los juzgo, es un comentario y no lo parecen, al menos no a simple vista- sonreí.
Soltó un suspiro mientras miraba con detenimiento mis ojos y llevaba su mano a su nuca.
-¿Qué sucede?
-Nada, solo quiero dejar en claro que se quiénes son, sé que hacen y no estoy de acuerdo y me encantaría que tú tampoco lo estuvieses, pero… son agradables. Son agradables, unos agradables drogadictos. Es solo la verdad y no hare como si no la supiese. Y eso no dañara tu noche ¿verdad?
El solo sonrió, me regalo una sonrisa tierna como si dijese “esta chica…”
-Nunca vas a desistir ¿verdad?
-No.
-Por eso es que te quiero tanto.
Acerco su rostro al mío, aun con esa estúpida y sensual sonrisa, respire su aliento y sentí el calor que emanaba de su boca. Deje de respirar por un segundo, lo juro. Entonces solo me abrazo por unos segundos.  Tomo los dos vasos de bebida fluorescente y me acerco uno, el rosa.
-Combina con tus tacones- dijo con un guiño.
-¿Es enserio?- me burle.
-Al menos agradece, no sé cómo funciona contigo, estoy haciéndote sentir cómoda, bebe.
-Solo relájate y haz lo que siempre haces, quiero conocer tu faceta de demente fiestero-señale con total honestidad- y no me digas bebe.
-Cierto es para las perras.
Empuje mi cuerpo hacia su brazo y logre derramar un poco de su bebida, sus ojos buscaron mi rostro  con un fingido enojo.
-Más vale que muevas tu precioso trasero!
-Oye, Diego ¡NOOOOOOO! – dije riendo mientras me tomaba por la cintura.
Sus enormes manos hacían cosquillas sobre mi abdomen y parte de mi espalda, no paraba de reír y por un momento me pareció estar más en un salón de juegos para nenes en lugar de una discoteca. Alcance a ver a la esquina donde estaban sus amigos, parecían estar más atentos a lo que hacíamos en lugar de disfrutar de la fiesta, pensé que sería porque era nueva, no me conocían y  que quizás el estar en una discoteca no era nada nuevo ni excesivamente emocionante para ellos.
-¿Qué les pasa?- señale  hacia aquella esquina cuando diego me había bajado al suelo.
-¿A ellos? Si, también he visto cómo te ven- dijo con un gesto más severo.
-Nos ven.
-Lo se…
-No, no dije que nos ven ahora –aunque lo hacían – digo que no es que me vean, nos ven. A ambos.
-Seguro, isa y yo soy virgen –Dijo para negar lo que decía.
-¡Diego!
-¿Qué?
-No estas celoso- pronuncie con miedo a escuchar su respuesta, aunque sabría que la tomaría como había tomado cualquier otro comentario incomodo entre los dos: como si nada.
-Les he dicho que ni respiren a tu alrededor.
-¡QUE?! – No esperaba esa respuesta
-No quiero que te conozcan mucho.
-Explícate.
-Eres muy buena, sam. No merecen que te gusten algunos de ellos.
-No me va a gustar ninguno de ellos!
-Nunca lo sabes.
-De cualquier manera no es tu asunto ¿o si? Yo no estoy al tanto de con cuantas te acuestas por noche.
Mi comentario sonó grotesco, lo supe en cuanto me escuche, pero tenía que decirlo.
-No- hizo una pausa- pero es distinto.
Oh no, no había dicho eso.
-Explícate ahora tú, porque supongo que sabes que no entiendo una mierda en que se diferencian.
Diego estaba riendo, lo cual me enloquecía aún más. Miro por encima de mi hombro, buscando las palabras para explicarse, pero más tarde supe que no eran argumentos los que buscaban, eran excusas para continuar con la noche.
-Estas hoy bajo mi cuidado y no me gustan esos tipos para ti. Es todo, deja que al menos de esto me encargue yo.
-Son tus amigos.
-Sí, pero- se acercó un poco a mi oído y dijo casi susurrando- ¿sabes? Dicen las malas lenguas que son drogadictos.

Sonreí. Vaya manera de festejar en mierda.

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